Bajo el nombre J&L Constructores, Lina Prieto y Jimmy Espinosa desarrollamos una práctica colaborativa que investiga las relaciones entre memoria, materia y formas de habitar. Nuestra investigación comenzó alrededor del cuerpo, sus transformaciones, las creencias, la enfermedad y los objetos que conservan la memoria de la experiencia humana. Con el tiempo, esta mirada amplió su escala hacia la ciudad, entendida como un cuerpo material donde arquitecturas, objetos y vestigios prolongan las historias de quienes la habitan. Desde esta aproximación, el territorio deja de ser únicamente un escenario para convertirse en un organismo en permanente construcción, cuya piel, estructura y materia conservan las huellas del tiempo y de la vida cotidiana.
Vivir y trabajar en Bogotá ha sido determinante para el desarrollo de esta investigación. Los recorridos por la ciudad y la observación de sus transformaciones nos han llevado a aproximarnos al territorio desde una arqueología urbana, atenta a los vestigios, las capas materiales y los ciclos de uso, abandono, reparación y reutilización que atraviesan arquitecturas y objetos. En este proceso hemos encontrado afinidades con las reflexiones de Richard Sennett, Henri Lefebvre y Tim Ingold, cuyas ideas sobre la ciudad, la producción del espacio y la materialidad dialogan con preguntas que han surgido de nuestra propia práctica, más que constituir su punto de partida.
Cada proyecto se construye mediante recorridos, observación, archivo y experimentación con materiales provenientes del entorno urbano. Nos interesa seguir los ciclos de la materialidad, entendiendo que aquello que parece haber agotado su vida útil puede establecer nuevas relaciones y adquirir otros significados. Estas preguntas atraviesan distintas series de nuestro trabajo. En Umbrales (2019–presente), el registro de puertas, ventanas y otros elementos arquitectónicos aborda la arquitectura como un contenedor de historias, experiencias y formas de habitar, poniendo en tensión aquello que permanece y aquello que desaparece. En Ciudad Sedimentada, esta investigación se desplaza hacia la propia materia: restos provenientes de procesos de demolición, renovación y descarte urbano son transformados en pigmento, permitiendo que fragmentos de distintos lugares y tiempos confluyan en una misma superficie. Ambas series parten de la idea de que los vestigios materiales no constituyen el final de un ciclo, sino el inicio de nuevas formas de relación entre memoria, territorio y materia.
Nuestra condición de colectivo hace parte de esta misma metodología. El diálogo permanente entre dos perspectivas orienta nuestras decisiones y amplía la manera en que observamos e interpretamos el territorio. Entendemos la práctica artística como un proceso relacional, donde recorridos, materia, memoria y experiencia se articulan para proponer nuevas formas de comprender el territorio.